martes, 22 de noviembre de 2016





VIAJE POR LA CATALUÑA CENTRAL Y EL PIRINEO GERUNDENSE 

5ª ETAPA - SANTUARIO DE NURIA 

 


Es viernes, 15 de abril, nuestro último día de estancia en el Pirineo de Girona. Lo emplearemos para hacer una visita al Santuario de Nuria. No es mi primer intento de llegar hasta este lugar, pues en dos ocasiones anteriores había venido hasta Ribes de Freser con la intención de subir hasta él. En ninguna de ellas pude hacerlo al  no funcionar el tren de cremallera. Hoy por fin veré cumplido este deseo.

Son las 09,16 horas cuando salimos de la estación de Ribes de Freser y si no hay ningún contratiempo a las 09,50 horas estaremos en Nuria.                                                                                          En la subida al Santuario salvaremos, en los 34 minutos que dura el trayecto, un desnivel de 1059 metros y una distancia de 12,5 kms.  Los 5,5 kms. iniciales el tren los recorre por el sistema de raíl convencional, siendo a partir de ese punto cuando entra en servicio el sistema de cremallera que permite superar rampas de hasta un 15%. Para los que gustan de los detalles más técnicos, incluyo este croquis con datos del recorrido que he obtenido de la Wikipedia en Internet.

Hasta la población de Queralbs hay una carretera que permite el acceso a otros medios de transporte pero a partir de ahí solamente se puede continuar en el tren de cremallera.                                    El paisaje es de una belleza singular. La vía discurre por grandes pendientes y desde la ventanilla se divisan altas cumbres, pronunciados precipicios y el agua que, deslizándose por las laderas, forma vistosas cascadas. En algunos momentos estas vistas pueden imponer un poco a los que sean propensos al vértigo. No hago fotografías, dejo esa actividad para la tarde cuando las condiciones de luz y sol creo que serán más favorables. Ahora el tren va bastante lleno  y el lugar que ocupo tampoco es el mejor.


Hemos tenido suerte con el tiempo, el día es mayormente soleado, hace frío pero nada que no se pueda aguantar. Según nos comentaron, en el Hotel Cataluña de Ribes de Freser, las pistas aún han estado abiertas para esquiar hasta hace un par de días. Para nosotros eso no era una cuestión prioritaria porque nunca hemos esquiado, pero que hubiese algo de nieve y poder pisarla y tocarla nos hacía cierta gracia. Objetivo cumplido cuando desembarcamos del telecabina en el Albergue del Pic de L'Aliga, un edificio construido a 2120 metros de altura y desde el que sale una pista esquiable hasta el Santuario, situado 156 metros más abajo.      

El Valle de Nuria es como un gran anfiteatro rodeado de  elevadas montañas que van desde los 2500  hasta los 3000 metros de altura, aproximadamente. Desde los alrededores del Albergue podemos contemplar como esos colosos de la naturaleza con sus cimas nevadas se elevan hacia el cielo: El Puigmal (2913), El Cim de L'Ortigal (2748), El Pic de les Finestrelles (2827), El Pic de Nuria (2796) y El Pic de la Pala (2422), entre muchos más, se muestran majestuosos y nos hacen sentir muy pequeños ante tanta grandiosidad. 


Desde este lugar, los amantes del senderismo tienen algunas rutas bien señalizadas por las que adentrarse en ese universo de paz, belleza y tranquilidad.








Un  grupo de cabras montesas se pasea sobre la nieve, quizás adivinando que a esta le queda poco tiempo para desaparecer y que la primavera trae con ella alimento fresco y abundante.

Es recomendable no pasar por Nuria sin visitar el Centro de Interpretación de este Valle y ver el audiovisual que nos muestra  como es este lugar durante todo el año y  también de las Fiestas que en él se celebran. Las explicaciones, interesantes y detalladas, que acompañan a las imágenes, servirán para entender mejor donde estamos y conocer la historia y pormenores del Santuario. Estas que incluyo a continuación son algunas fotografías obtenidas de ese documental:









Antes de comer visitaremos la Iglesia y, cada uno a su manera, rendiremos culto a la Virgen cuya imagen situada en un camarín sobre el altar preside la nave central.

Cuenta la tradición que el origen del culto a La Virgen de Nuria se remonta al año 700 cuando San Gil, un clérigo procedente de Atenas, se instaló en el Valle. Él mismo talló una imagen para venerarla en los oficios religiosos. Cuando los árabes invadieron la península, ante su proximidad, San Gil huyó. Antes, escondió en una cueva la Imagen de la Virgen, la Cruz que presidía los rezos, la Olla con la que cocinaba y  la Campana con la que llamaba a los pastores para comer o rezar. Eso es lo que dice la leyenda, aunque  estudios de más rigor señalan que  la imagen de La Virgen de Nuria es una talla del siglo XII o XIII; se trata de una pieza de nogal de estilo románico, policromada, de 56 cms. de altura. 

Se sabe que en el año 1162 en el Valle ya existía un albergue que servía de refugio y hospital a los pastores y, junto al mismo, una capilla.  Todo ello fue destruido por el terremoto de 1428, el cual ya citaba en el reportaje de Ripoll. En 1449 se inició una primera reconstrucción y entre 1640 y 1648 se edificó una Basílica de estilo barroco que con el paso de los siglos y sucesivas obras dejarían el complejo en su estado actual. La Iglesia que hoy visitamos se  inauguró en 1911. Posteriormente se construyó el hotel donde, en la habitación 202, se redactaría lo que después sería el Estatuto de Autonomía de Cataluña, refrendado en las urnas el 2 de agosto de 1931. 
En 1936, al inicio de la Guerra Civil, ante el temor de que la Imagen de la Virgen sufriese la ira de aquellos que atentaban contra iglesias  y otros centros religiosos, el Rector del Santuario marchó con ella a Francia y después a Suiza, en un exilio que duraría cinco años.

Dentro de la Iglesia encontramos un vitral de la Virgen de Nuria y otro de su valedor San Gil.





El interior de la Iglesia es luminoso y acogedor, cosa no siempre frecuente en los lugares de culto y que contrasta con el frío del exterior. Estas fotografías que siguen nos lo muestran:
 






Unas escaleras laterales llevan hasta el camarín de La Virgen, visita obligada una vez uno se encuentra en el Santuario.





   
La Virgen se encuentra acompañada en esta estancia con una pintura que recoge el Nacimiento de Jesús con la adoración de los pastores y los Reyes Magos.
Antes de salir de la Iglesia vemos el lugar donde se encuentran la Cruz, la Olla y la Campana que San Gil escondió junto a la imagen de la Virgen en la cueva.



Aunque muchos visitantes introducen su cabeza en la Olla, arrodillándose ante la Cruz y tocando la Campana para pedir un deseo (nosotros también lo hicimos), la tradición dice que su finalidad es otra. Algunas  mujeres,  mediante esa ceremonia, piden que aumente su fertilidad para quedar embarazadas y también aquellas  que han visto satisfecha su petición vuelven para dar las gracias al Santo y a la Virgen con el mismo rito.

San Gil tiene su lugar de culto en una ermita situada frente al Santuario:






 En el interior de la ermita podemos ver un altar que preside San Gil y también una reproducción de la cueva con los objetos escondidos por el Santo. Un cesto con papeles permiten a los visitantes escribir un deseo y depositarlo dentro de esta pequeña cueva.


El día de La Virgen es el 8 de septiembre; en el acto más importante de los que se celebran en el Valle de Nuria, La Virgen, después de acabar la liturgia, abandona su Santuario para ser llevada hasta la ermita del San Gil en procesión.
Además de los actos religiosos hay exhibición castellera, esas construcciones humanas tan populares en nuestra tierra y baile de sardanas, nuestra danza más representativa. Las dos actividades son un símbolo de la tradición de estar unidos y marchar juntos en pos de un mismo objetivo que es señal de identidad del pueblo catalán.

Como las previsones del tiempo eran buenas, nos hemos aprovisionado en Ribes de Freser de lo necesario para una comida campestre. La temperatura anunciada para esta hora era de unos 8 o 9 grados,  pero como vamos abrigados se soporta bien. Comemos en unas mesas de piedra que hay en el entorno de una fuente situada cerca de la ermita y de la que sale un agua casi gélida. Probamos el agua pero no por ello renunciamos a tomar una botella de vino.

  
Los paisajes de este Valle son un magnifico complemento para una comida al aire libre. La nieve, ya escasa, en las cimas y laderas de las montañas, el lago cubierto en gran parte por una capa de hielo, y las grandes praderas  son un regalo que nos brinda la madre naturaleza. Imagino el lugar en la bonanza del verano y, aunque a mi particularmente no me atraiga, comprendo que la afluencia de visitantes sea masiva.    











Cerca de la cafetería, una exposición de cencerros nos recuerda la actividad ganadera en el Valle de Nuria.  Algunos de ellos, enormes, nos hacen pensar que los animales que los llevaban también debían ser de gran tamaño.
 
       
Ha llegado el momento de despedirnos del Valle de Nuria y nos dirigimos hasta la estación, no sin cierto pesar, para coger el tren de regreso a Ribes de Freser, el primero de los tres que debemos tomar para volver a Reus.

                               
Somos de los primeros en subir al cremallera y podemos escoger el lugar donde ir sentados. Lo hacemos en cabeza de la composición, lo que me facilitará el poder tomar las fotografías  que no tomé por la mañana. Desde nuestros asientos, situados detrás del maquinista, podemos contemplar todo el perfil de la vía, con sus curvas y pendientes ya que la cabina de conducción esta cerrada con cristales transparentes. Lo que para una cosa es bueno para otra no lo es y estos cristales hacen que en algunas fotos quede reflejado el flash de la cámara.
Estas imágenes recogen el descenso desde Nuria hasta Ribes de Freser:



















La fotografía  anterior recoge el lugar en donde el tren deja de funcionar como un cremallera y empieza a hacerlo como un tren convencional. También nos anticipa que estamos llegando a nuestro destino, Ribes de Freser, punto de inicio y final de nuestras andanzas por el Pirineo de Girona.

 

Han sido cinco días de reencuentro con algunos lugares que ya conocíamos y también de descubrir otros que  nunca habíamos visitado. Paisajes y sensaciones que solo se viven y disfrutan cuando uno viaja por placer en un entorno de extraordinaria belleza.

15 de abril de 2016

Matías Ortega Carmona