martes, 10 de noviembre de 2015

DE BILBAO A FERROL EN TREN DE VIA ESTRECHA - BILBAO 1ª PARTE




BILBAO


Son las 14,05 horas del día 02/04/2011, nos encontramos en el vestíbulo de la estación de ferrocarril de Bilbao Abando, rebautizada en 2006 con el nombre del  insigne socialista Indalecio Prieto. Un precioso vitral, alegórico a la vida y costumbres del lugar, nos da la bienvenida tras un viaje de seis horas desde Tarragona.
El motivo principal de esta excursión es recorrer la cornisa cantábrica utilizando los trenes de Feve, de vía estrecha, que nos llevarán desde Bilbao hasta Ferrol pasando por Cantabría y Asturias, de ahí que hayamos venido hasta la capital vasca para iniciar ese recorrido.  Nos guia nuestro interés por conocer otros sistemas ferroviarios y también nuestro afán por descubrir la belleza de lugares en los que nunca hemos estado o bien hemos conocido solamente por cuestión de trabajo. Como es habitual, viajamos Elena y yo en compañía de Maria Dolors y Domingo.



Comemos, bien atendidos, en el Restaurante Iruña situado en la Plaza Circular junto a la estación. Una vez recuperadas fuerzas  salimos a la calle dispuestos a aprovechar las pocas horas de que disponemos para conocer la ciudad.

Debo reconocer que llegaba a Bilbao con una idea preconcebida de encontrar una ciudad no excesivamente atractiva, industrial, gris y poco limpia. Todos estos tópicos se derrumban como un castillo de naipes en cuanto iniciamos nuestro paseo por la ciudad bilbaina. Lo primero que llama nuestra atención es la limpieza de las calles, el orden y sus cuidados jardines. Bellos edificios antiguos se mezclan con la nueva arquitectura sin que ello suponga una alteración urbanistica sino más bien un cuidado contraste entre los estilos. 




El tiempo es lo único gris que encontramos y aunque las nubes amenacen tendremos la suerte de que no llueva en toda la tarde.
El Museo Guggenheim  se ha convertido en uno de los emblemas de Bilbao como también lo ha hecho la imagen de un terrier, el perro Puppy, situado en el exterior. Se trata de una estructura de acero, recubierta de flores, creada por Jeff Koons  para una muestra de arte en Bed Arolsen (Alemania). Posteriormente fue desmontada y viajó hasta Sydney para incorporarse al Museo de Arte Contemporáneo de esa ciudad. Allí estaría  hasta 1997 en que la adquirió el grupo Solomon Guggenheim para situarla como complemento decorativo de su museo. Este floreado perro se ha acabado convirtiendo en una verdadera mascota de la ciudad.



No visitamos el interior del museo, nuestra estancia en Bilbao será corta y decidimos pasear viendo las instalaciones desde el exterior y tener así  más tiempo para acercarnos a otros lugares. 
La arquitectura de este centro cultural es totalmente novedosa, sus curvas sinuosas recubiertas de titanio me llevan a imaginar algún animal marino escapado de las aguas de la Ría junto a la que se ubica.







Atravesamos la Ría del Nervión por el polémico puente de Calatrava. Como muchas de las obras del arquitecto valenciano, a las que nadie niega su innovación y belleza, este puente ha dado muchos quebraderos de cabeza al Consistorio bilbaíno. Primero para solucionar las caídas  que se producían a causa de los resbalones en la pasarela, cuyo piso se hizo de cristal, y después por los pleitos iniciados por Calatrava por considerar que una escalera metálica, añadida por el Ayuntamiento, desvirtuaba su proyecto. Los resbalones se solucionaron colocando un material sintético sobre el cristal y los pleitos con una indemnización  que hubo de pagar el municipio y que el arquitecto dedicó a la beneficencia.









Un mirador privilegiado sobre la ciudad es el Monte Artxanda, desde allí se puede contemplar gran parte de la misma a vista de pájaro. Para acceder a su cima utilizamos otro medio de transporte sobre raíles, un funicular de cremallera.





El mismo,  fue construido en 1915 por una empresa suiza especialista en trenes alpinos. Tiene un recorrido de 770 metros en el que, en escasos minutos,  salva un desnivel del 44,98 % .
Ha valido la pena subir, lo habríamos hecho solo por probar este ingenio ferroviario pero la recompensa es aún mayor pues, debajo de nosotros, Bilbao se extiende con todos sus atractivos; La Ría, el Guggenheim, los amplios parques, el mítico San Mamés (una institución incluso para aquellos bilbaínos que no son amantes del fútbol), en fin una imagen vale por mil palabras y las fotografías hablan por si solas






Paseando por lo alto del Monte Artxanda podemos ver que no solo los turistas visitamos el lugar, también los recién casados suben hasta allí para inmortalizar esos momentos posteriores a su enlace




La tarde decae y nos dirigimos a la estación del funicular para volver a la ciudad 



El Parque del Arenal se extiende a orillas del Nervión en la margen derecha  (si mi orientación es la correcta) y fue originalmente una playa interior en la que varaban embarcaciones y se ponían a secar aparejos y cuerdas de los buques. Posteriormente se rellenó con arena hasta la zona del Ayuntamiento y más tarde se urbanizó la zona dedicándola a parque y zona de recreo, dotándola de jardines y fuentes entre las que se ubicaron diversas estatuas. 
El Arenal está formado por tres paseos que, partiendo desde el Ayuntamiento, conforman su perímetro. En un país donde siempre ha habido clases, estos paseos, fueron bautizados popularmente como el de los Curas, a la izquierda, el de los Señoritos en el centro y el  de los de la Alpargata a la derecha. 
Los momentos en que hice las fotografías no eran los mejores en cuanto a visibilidad pues la tarde estaba declinando pero aún así sirven para tener una idea de como es el lugar que estoy describiendo.





El Ayuntamiento bilbaíno ocupa el solar de lo  que antaño fuera el Convento de San Agustín. Es un edificio suntuoso, ricamente ornamentado, con inspiraciones de la arquitectura francesa de la época en la que fue diseñado. Su artífice fue el arquitecto municipal Joaquín Rucoba quien también diseñó el cercano Teatro Arriaga.
En el momento que pasamos  frente a la Casa Consistorial, unos manifestantes protestan contra unas decisiones recientes del Tribunal Constitucional Español. El acto transcurre en orden y sin ningún incidente y me congratulo de ver que es posible protestar y estar en contra de algo sin que ello implique violencia alguna.
Uno de los detalles destacables de la fachada principal es la estatua de la Justicia que está en la escalinata de acceso y a mi me gustaría que la justicia sea capaz de llegar de forma equitativa a todos para que nunca más, los vascos y el resto de los españoles, vivamos días de sangre y terror.



El Teatro Arriaga con los bellos ornamentos de su fachada y el moderno tren ligero-metro circulando por delante de él, son fieles representantes de dos épocas distintas que conviven en armonía.










Tanto andar ha despertado nuestro apetito y como estamos en el Casco Viejo decidimos ponerle remedio, cosa que no entraña ninguna dificultad dada la cantidad de bares que hay en la zona. El interior de los locales y la propia calle son un bullicio de gente que se afana en degustar los famosos pinchos que acompañan con vino o cerveza, en nuestro caso optamos por unos bocadillos de jamón ibérico antes de seguir descubriendo nuevos rincones de este apasionante Bilbao. Como suele sucederme en la mayoría de los lugares que visito por primera vez, también en este caso soy consciente de que serán más las cosas que quedarán por ver que las que veremos y eso hace que piense ya en una próxima visita.




En la Catedral hay oficios religiosos por lo que nuestra visita es breve y me limito a sacar unas fotos del exterior y la zona peatonal donde está situada antes de seguir camino hacia el Mercado de la Ribera, un magnifico edificio modernista.

Este mercado pasa por ser el mayor de su género en Europa y como muchos de estos centros comerciales, en nuestro país, muestra como la funcionalidad para la que fueron construidos y la belleza no tienen porque estar reñidas. De hecho, a su interés gastronómico hay que añadir su atractivo turístico pues son muchos los visitantes que llegan hasta él aunque no tengan nada que comprar.


El Mercado de La Ribera está emplazado junto a la Iglesia de San Antón y al puente de la Ría que lleva el mismo nombre. De la antiguedad e importancia de este templo da fe el que esté incluido en el escudo de la villa.



La noche se adueña de la ciudad y nosotros regresamos a nuestro hotel dando un último paseo junto al Nervión.


Ha llovido durante la noche y cuando salimos de nuestro alojamiento aun cae un ligero chirimiri. El tiempo que nos queda de estar en Bilbao lo emplearemos para dar un paseo por el Parque de doña Casilda, situado en las proximidades del estadio de fútbol de San Mamés. Nuestro hotel está al lado del apeadero de Zubalburu por lo  que tomamos un tren de cercanías que tiene  parada junto a la llamada catedral del fútbol vasco.



Al viejo estadio le queda poco tiempo de vida ya que se está construyendo uno nuevo justo al lado, quizás para que la modernidad siga unida a la tradición que acompaña a este deporte  en la capital vasca. 
Después de desayunar bajamos por la calle Sabino Arana que nos lleva hasta la Plaza del Sagrado Corazón en cuyo centro se eleva una imponente estatua.


Pasamos por la Casa de la Misericordia, entidad benéfica que tiene un esplendido jardín por el que paseamos antes de llegar al parque.



Doña Casilda de Iturrizar, a quien está dedicado este gran pulmón verde, durante mucho tiempo el único de que dispuso Bilbao, fue la mecenas e impulsora del mismo. Mujer dada a grandes causas benéficas, se casó con  Don Tomás José Joaquín de Espalza, uno de los fundadores del Banco de Bilbao, preeminente hombre de negocios que amasó una gran fortuna. Al quedar viuda y sin descendencia se dedicó por entero a los más desfavorecidos invirtiendo gran parte de su capital en financiar actividades culturales, construcción de colegios, etc...
No tendremos tiempo para ver el parque en toda su extensión pero, aún así, lo que vemos nos gusta mucho. El cuidado césped se extiende como una bella alfombra verde, alternando con flores, arboledas y estatuas aquí y allá.  Un gran estanque en cuyas aguas se deslizan patos y cisnes  y zonas de recreo infantil hacen las delicias de los más pequeños. También los mayores quedamos cautivados por la tranquilidad y belleza del lugar.










Un sencillo monolito recuerda en este lugar a las victimas del terrorismo que durante tantos años a azotado esta tierra.


Se acerca la hora de dejar Bilbao para continuar viaje a Cantabría por lo que salimos del parque con la idea de que nuestra visita ha sido demasiado breve y deberemos repetirla con menos prisas.




La estación de Feve, Bilbao Concordia, es el lugar de partida para continuar nuestro viaje y hasta ella nos dirigimos para tomar nuestro tren. Por el camino encontramos una pequeña procesión que nos recuerda que estamos en la antesala de la Semana Santa.




Nos sentimos contentos por haber disfrutado de esta gran ciudad y esperanzados en que el resto de lugares que vamos a visitar nos dejen tanto o más impresionados.


 Bilbao 03/04/2011

3 comentarios:

Anafely Carcavilla dijo...

Tus descripciones y por menores de la ciudad han sido maravillosos...
La próxima visita te invito a disfrutar, modernismo en La Alóndiga, su bibloteca, columnas...
Así como el interior, su arquitectura, terraza.... del edificio Guggenheim. Gracias por recordarme el Bilbao que gace tres o cuatro años no lo recorro....

Matías Ortega Carmona dijo...

Gracias Anafely, será un placer volver a Bilbao y seguir disfrutando de esa estupenda ciudad, espero que la visita no se demore demasiado, Saludos

Raquel Rueda Bohórquez dijo...

Hermoso todo Matías, gracias, con gusto compartiré