domingo, 5 de febrero de 2017

VIAJE A HUELVA - SEGUNDO DIA




MONASTERIO  DE LA RÁBIDA



Nos hemos levantado temprano y antes de las nueve de la mañana ya estamos saliendo de Huelva camino del Monasterio de La Rábida, nuestra primera visita de un día que promete ser muy interesante.

La Rábida, dedicado a la advocación de Santa María, es un monasterio franciscano que  está asentado sobre un promontorio  desde el que se domina el estuario que forman los ríos Tinto y Odiel en el termino municipal de Palos de la Frontera. 
Se erigió a caballo de los siglos XIV y XV; como elementos más sobresalientes cabe destacar su Iglesia de estilo gótico-mudéjar, el Claustro, los frescos de Daniel Vázquez Díaz que decoran varias estancias incluyendo un hermoso patio con soportales y el Museo donde hay expuestos diversos objetos relacionados con el Descubrimiento de América.
La afluencias de visitantes es mayor de lo que pensaba, pero el acceso es fluido y enseguida estamos dentro del edificio. En el punto de recepción  nos proporcionan unos aparatos de audio con los que podemos escuchar la información de cada lugar por el que pasamos.
Empezamos el recorrido en el patio, donde bajo los soportales   podemos ver diversas escenas relacionadas con la estancia de Cristóbal Colón en el Monasterio y de la épica del Descubrimiento.













Las ventanas, con las rejas adornadas de flores y las plantas en el centro de este recinto, nos recuerdan la tradición de los patios andaluces.
Desde el patio accedemos a la Iglesia; antes de entrar en la misma nos detenemos ante la imagen de la Virgen de los Milagros, Patrona del Monasterio y también de Palos de la Frontera, quien sostiene en sus brazos al Niño, ambos sin corona a diferencia de la talla que preside su Capilla, donde si la llevan. 




En el Presbiterio, presidiendo el Altar Mayor, podemos ver un Jesucristo crucificado del siglo XV y sobre las paredes diversas pinturas con pasajes de la vida de San Francisco obra del pintor del siglo XVIII Juan de Dios Fernandez. El techo está cubierto por un precioso artesonado policromado de influencia mudéjar realizado en el siglo XIX por Ricardo Velázquez Bosco.





El Claustro mudéjar es del siglo XV e inicialmente constaba de una sola planta, hasta que en siglo XVII  se construyó la segunda.









Desde la planta superior del Claustro accedemos al Refectorio, en el mismo era o es tradicional que desde un pequeño púlpito  uno de los frailes leyese mientras el resto de la Comunidad tomaba el refrigerio.
 




La Sala Capitular, también llamada Celda del Padre Marchena, es una estancia amplia, en la que diversos cuadros recuerdan a los personajes que dieron inicio al proceso del Descubrimiento como el mismo Fray Antonio de Marchena, los hermanos Pinzón o Colón.
En 1992, coincidiendo con el V Centenario de los hechos colombinos, se celebró en este lugar un Consejo de Ministros presidido por el entonces Rey, Juan Carlos I.

En el Museo están expuestas unas reproducciones a escala de las Carabelas que protagonizaron el primer viaje a tierras americanas y también se ha habilitado una sala en la que se pueden ver todas las banderas de los países iberoamericanos.






En este lugar se conserva una copia del  mapa realizado por el cartógrafo portugués Juan de la Cosa en  el que aparecen por primera vez las costas americanas.


En los jardines que hay en el exterior del Monasterio están las estatuas que recuerdan a Fray Juan Pérez y Cristóbal Colón. Este fraile realizó una labor importante apoyando el proyecto del navegante ante la Corona española y también sirviendo de enlace con las gentes del mar, de Palos de la Frontera, para reclutar la marinería y organizar el viaje.





MUELLE DE LAS CARABELAS





En terrenos adyacentes al Monasterio de La Rábida,  con motivo de la celebración del V Centenario del Descubrimiento, se hicieron varias construcciones temáticas algunas de las cuales hoy visitaremos.
Una de ellas, el Muelle de las Carabelas, es un museo al aire libre abierto al público en 1994. En el mismo se hayan fondeadas las reproducciones a tamaño natural de las tres embarcaciones que se emplearon en el viaje de Colón. Estas naves fueron expuestas en la Exposición Universal de Sevilla de 1992 y en otros eventos antes de recalar en este lugar.


Centraremos nuestra atención en la Santa María, la mayor de ellas, que en realidad es una Nao y difiere en tamaño y características de la Pinta y la Niña.



Desde la proa, Merçè y Elena, observan la figura del marinero que trepa por un cabo hasta la Cofa. Si retrocedemos en el tiempo podemos pensar en Rodrigo de Triana (el sevillano de Los Molinos o el onubense de Lepe) subiendo a su puesto de vigía, en La Pinta que no La Santa María, para gritar  -"Tierra a la vista"-  al ver los destellos de una hoguera en la isla de San Salvador.
Sobre este marinero, Rodrigo de Triana o Juan Rodríguez Bermejo o Juan Rodríguez Acevedo, no hay nada seguro. Se discute su nombre, su lugar de nacimiento, el de su muerte e incluso que fuese él, el primero en avistar tierra, mérito que también pudo atribuirse el Almirante para cobrar un premio destinado a quien protagonizase ese hecho. Sea como fuere, la historia de forma mayoritaria lo adjudica al marino y no seré yo quien entre en disquisiciones históricas


La visita a esta nave nos permite conocer como era la vida en la misma, los trabajos que la marinería y sus mandos realizaban en ella y la provisión de víveres que se disponía para este tipo de expediciones.









Elena y Merçè se aseguran de que los datos que refleja el encargado de la intendencia en su cuaderno sean los correctos.



Mientras, el Almirante, compás en mano, hace los cálculos para trazar la ruta más correcta.


A babor vemos un pequeño cañón que no tiene nada que ver, ni en tamaño ni eficacia, con los que tiempo después llevarían los galeones que hacían la misma travesía transportando oro, plata y otros bienes desde el nuevo al viejo continente.
En mi opinión, españoles, portugueses, franceses, ingleses y resto de europeos,  con la excusa de llevar la civilización a esas tierras las expoliaron,  masacrando a los indígenas y sus culturas  en una práctica de saqueo sistemático de la riqueza del nuevo mundo. 
Cierto que la llegada de los europeos a América y el resto de continentes cambió la Historia, pero en su conjunto escribieron una página negra  cuyas consecuencias siguen vigentes a día de hoy y por la que más que sacar pecho, la vieja Europa,  debería pedir perdón.



En las riberas del lago, donde están amarradas las carabelas, se ha recreado un pequeño poblado donde los nativos se dedican a sus ocupaciones habituales. La decoración y efectos ambientales están bastante logrados y, mientras paseamos, podemos oír por la megafonía de ambiente el canto de las aves y otros sonidos propios de un bosque tropical.












Desde el Muelle de Las Carabelas divisamos, algo lejano, el Monumento a la Fe Descubridora, que hemos dejado atrás en nuestro camino hasta La Rábida.



La fotografía no es demasiado nítida, pero la distancia y el objetivo de la cámara que utilicé en este viaje no permitían otra cosa, aún así  siempre que puedo me gusta utilizar mis propias tomas.
Se trata de un monumento de gran tamaño en el que la escultura se asienta sobre una plataforma que simula un barco adentrándose en el mar. Su autora fue la escultora estadounidense Geltrude Vanderbilt Whitney y se ubicó en el paraje conocido como la Punta del Sebo en la confluencia de los ríos Tinto y Odiel. Se inauguró el 21 de abril de 1929 y fue costeada por el Gobierno de Estados Unidos, que lo regaló a la ciudad de Huelva.


PALOS DE LA FRONTERA



El primer monumento que encontramos en la población, después de aparcar el coche, está dedicado a la Coronación de La Virgen de los Milagros por el Papa Juan Pablo II. El Pontícipe realizó una visita a la provincia de Huelva en 1992 con motivo del V Centenario del Descubrimiento.
La historia de Palos está estrechamente ligada a la aventura colombina, ya que como es sabido de este lugar partió la expedición.  Aquí se hicieron todos los preparativos y se costearon, por Previsión Real, las carabelas Niña y Pinta a lo cual hubo de contribuir todo el pueblo. La lectura de este edicto tuvo lugar en la Iglesia de San Jorge Mártir, un templo de estilo gótico-mudéjar situado en las cercanías del antiguo muelle, hoy desaparecido, desde el que partieron las naves.


En la parte trasera del ábside de la Iglesia de San Jorge se encuentra la Placita de los Novios, ignoro el motivo por el que le pusieron ese nombre pero imagino que el lugar sería utilizado por las parejas para sus cortejos amorosos. A esta plaza da una puerta que está considerada como una de las joyas del mudéjar andaluz. Junto a la misma, un mural de azulejos recuerda a los sacerdotes de Palos que participaron en la evangelización del continente americano.



Personajes destacados en la aventura americana fueron los hermanos Yáñez Pinzón, a los cuales sus paisanos recuerdan con dos estatuas, la de Vicente y Francisco cerca de La Fontanilla, manantial cubierto por un templete mudéjar en el que se aprovisionaron de agua las Carabelas, y la de Martín  en la Plaza del Ayuntamiento.




Cuando nos dirigimos al coche para volver hasta La Rábida, el reloj de la torre del Ayuntamiento marca las 16,44 horas . Ha sido una estancia breve pero lo suficientemente interesante para pensar en volver, eso me parece siempre una buena carta de presentación de cualquier lugar.



Dejamos Palos de la Frontera, una población que desde siempre estuvo ligada al mar y que en los últimos tiempos, como gran parte del sur de la provincia de Huelva, basa su economía en el cultivo de la fresa.




PARQUE JOSÉ CELESTINO MUTIS 

Este parque situado cerca del Monasterio de La Rábida es otro de los lugares que se inauguró el 15 de marzo de 1993 con motivo del V Centenario del Descubrimiento. Lleva el nombre del sacerdote y eminente botánico José Celestino Mutis, nacido en Cádiz.


El parque tiene una extensión de 12 hectáreas que evidentemente no visitaremos en su totalidad. Uno de sus atractivos es un lago artificial en el que viven diversas especies de plantas acuáticas. Otro es el  invernadero, una nuestra botánica con ejemplares de los cinco continentes. Para poder verlo todo con detalle son necesarias varias horas de las que nosotros no disponemos, aún así no queremos marchar de La Rábida sin echarle una ojeada.







El agua tiene una presencia constante en este espacio natural,  el rumor de su discurrir es, en algunos momentos, un complemento perfecto a la paz  y tranquilidad que se respira recorriendo los diversos senderos del parque.









Dejo esta fotografía para el final de nuestro paseo por el parque, no es la más bonita pero es una muestra fidedigna de lo que estamos viendo estos días en Huelva, bellos espacios naturales combinados con imagenes de eso que llamamos progreso (grúas, torres de alta tensión, grandes depósitos de las refinerías, etc).



PUNTA UMBRÍA

Despedir el día junto al mar es una de mis sensaciones preferidas. Tengo el privilegio de poder hacerlo en multitud de ocasiones cuando estoy en Galicia. Este mar de Huelva es el mismo Océano Atlántico que baña gran parte de las costas gallegas pero con otros matices, ni mejor ni peor, simplemente diferente.


Estamos en Punta Umbría, donde despediremos esta jornada. A la entrada de la población encontramos un gran complejo hotelero que es una constatación de la importancia del turismo en este municipio.



Tras aparcar el coche, nos dirigimos caminando hacia el puerto. Nos llama la atención el edificio del Ayuntamiento, una construcción que en ese momento encuentro rara y un poco fuera de lugar para estar en Andalucía. Después, cuando indago un poco buscando datos sobre la población empiezo a entenderlo. Punta Umbría fue hasta finales del siglo XIX y principios del XX un pueblo marinero que vivía sobre todo de la pesca. En esas fechas se empieza a desarrollar su actividad turística, siendo sus primeros visitantes los ingleses que explotaban las minas de Río Tinto y sus familiares. Por lo que parece, y así se puede ver en una Casa Museo Inglesa que hay en la localidad, la arquitectura de las viviendas que estos turistas británicos fueron construyendo es muy similar a la que tiene la Casa Consistorial.

Estamos en un extremo de la llamada Ría de Huelva, formada por los municipios de Huelva, Palos de la Frontera y la misma Punta Umbría, envolviendo la confluencia de los Ríos Tinto y Odiel. No es es paisaje típico que podemos ver en las Rías de Galicia o el Cantábrico, ya que aquí el terreno es mucho más llano y la conjunción de ríos y mar forma amplias marismas rodeadas de dunas y pinares.
 

Las  playas tienen una arena fina y dorada y, fuera del casco urbano, son  extensas y en algunos casos casi vírgenes.


Apiladas sobre la arena hay multitud de nasas que parecen cántaros. Están destinadas, según me dice un pescador al que pregunto, a la captura del pulpo.


Antes de la cena damos un paseo junto al muelle, en el que conviven pequeñas barcas con embarcaciones deportivas y naves de mayor tamaño.




Dicen en Galicia que aunque no creas en brujas haberlas hailas; debe de ser verdad porque hasta aquí ha llegado una subida en su escoba.


Venía dispuesto a disfrutar y fotografiar las famosas puestas de sol que se ven en Punta Umbría pero no ha habido suerte, pues el tiempo que tenemos hoy no acompaña. Aún así no me resisto a terminar este reportaje sin una imagen de esas características, por ello, en contra de mi costumbre, tomo prestada esta foto que he encontrado en la Wikipedia y de la cual no puedo poner el autor al no figurar en la misma ese dato.


La noche es menos bucólica que la de la última imagen cuando llegamos al hotel en Huelva. De todos modos ahora toca dormir más que contemplar las estrellas. El día ha dado mucho de si y estamos algo cansados, mañana es la última jornada del viaje y hay que estar frescos para disfrutarlo hasta el final.


Matías Ortega Carmona.






















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